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La ruta natural. Movilidad urbana

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Los Invisibles de Naucalpan

“Cuatro caminos hay en mi vida...”
José Alfredo Jiménez

Desde la gran plaza de Tenochtitlán, de donde salían cuatro caminos que conducían por el norte a Tlatelolco, por el sur a Coyoacán y a Iztapalapa, por el oriente al lago de Texcoco y por el poniente a Tlacopan o Tacuba. Parece que nuestro sino está trazado en forma de cruz. En la lengua náhuatl la palabra Nauh Campa significa "hacia los cuatro rumbos". Se cree que enfrente de la actual Escuela Militar de Transmisiones se encontraba el Nauh Campa, ya que en tiempos prehispánicos ahí se cruzaban los caminos que conducían a esos cuatro rumbos, por el norte hacia Azcapotzalco, por el sur a Chapultepec, por el poniente hacia Naucalpan y al oriente conducía al origen, de nuevo a Tenochtitlán.

Bajo el gobierno juarista, Naucalpan inició su proceso de industrialización. Benito Juárez mismo inauguró en 1870 el hoy llamado y conservado “Puente Mexicas”, un camino que cruzaba el Río de los Remedios lo que ayudó a establecer una comunicación más rápida y expedita con la Ciudad de México. Aunque completamente dedicada a la economía agrícola, la entonces Villa poco a poco alberga a pequeñas industrias en las orillas de sus ríos.

Años más tarde, durante la presidencia de Porfirio Díaz es inaugurada la línea de ferrocarril México-Acámbaro y las estaciones naucalpenses de San Bartolo Naucalpan y Río Hondo. La estación Naucalpan se edificó sobre la línea de México a Laredo de Tamaulipas, la cual fue contruida por el antiguo Ferrocarril Nacional Mexicano por medio de la concesión número 10, fechada en 13 de septiembre de 1880. Los trabajos de construcción los llevó a cabo la Compañía Constructora Nacional Mexicana, la cual , posteriormente se consolidó como Compañía del Camino de Fierro Nacional Mexicana con la facultad de explotar este ferrocarril y la estación Rio Hondo se edificó sobre la misma línea e igual concesión en terrenos adquiridos en 1883 por la Compañía Constructora Nacional Mexicana. Por decreto de 15 de octubre de 1880, se autorizó al Gobernador del Estado de México, para arreglar con los señores James Sullivan y W. S. Palmer y socios, la construcción de la línea de México al Pacífico por Toluca, en lo relativo a los tramos que atravesaran el territorio del Estado.

La electricidad fue introducida en Naucalpan, el 10 de agosto de 1906, aún bajo el gobierno de Porfirio Díaz y se inauguró el alumbrado público contribuyendo al incipiente impulso industrial, interrumpido por la Revolución Mexicana durante los años de 1910 a 1921 año en que comienza un ligero repunte en la actividad económica del municipio, se incrementó la densidad poblacional y se vivió como en todo el país un proceso de pacificación y armonización del “México bravo”.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial el municipio no será el mismo, tomando un vertiginoso y acelerado camino. El desarrollo industrial es concentrado en el oriente del municipio, muy cerca del Distrito Federal; este auxiliado por su vecino, el Estado de México y sus municipios mejor comunicados con la urbe, absorbiendo la expansión febril. Después de la administración de Miguel Alemán Valdés, buena parte del oriente y norte del municipio llegó a poder de su hijo, Miguel Alemán Velasco, como en el caso de el Rancho La Herradura, lugar dónde se construiría la Plaza El Toreo de Cuatro Caminos en 1947 y Ciudad Satélite.

A partir de la segunda mitad del siglo pasado, los municipios mexiquenses fronterizos con el Distrito Federal experimentaron un cambio drástico, en especial aquellos ubicados al norponiente de la capital. La integración a la expansión del área metropolitana fue realizada a través del fortalecimiento y ampliación de centenares de parques industriales, de la construcción de vías rápidas para automóviles que comunicaran a las periferias con el centro de la ciudad, a través de los cambios en el uso y explotación de las tierras, antes destinados a la producción agrícola e industria mediana, ahora transformándolas en zonas habitacionales y comerciales, así como a través de la construcción de inmuebles de servicios públicos, estatales y federales. El proyecto de Ciudad Satélite inicia en 1957 y su asociación de colonos se hace de una posición influyente y poderosa en la política urbana del municipio desde su fundación en 1964, siempre privilegiando el uso del automóvil particular y el transporte de carga pesado o articulado para servicio de la industria, esto, además de la construcción del Periférico en su tramo Norte en 1955, el cual conecta a la carretera a Querétaro, modificaron el aspecto provinciano de Naucalpan hacia un municipio ejemplar de la industrialización y poblado por una clase media pujante que no necesitaba de transporte público ni de una ciudad peatonal. Como ejemplo de ello, tan solo en cuarenta años el crecimiento demográfico fue sorprendente, pasando de 29 876 habitantes en 1950, a 382 184 habitantes en 1970 y a 747 342 en 1990.

Para albergar a esa cantidad de habitantes el municipio no se dio abasto en su planeación y fue rebasado por la necesidad de las masas de migrantes atraídos por la industrialización. Es así que desde la década de 1960, lugares de alto riesgo, como el ejido de San Luis Tlatilco, zona minada, de cuevas y a orillas del río Hondo, fueron habitadas y dieron origen a las colonias populares densamente pobladas del sur del municipio, como la colonia el Molinito, ubicada en el ejido mencionado.

Durante las siguientes décadas el municipio y sus necesidades de transporte público de pasajeros enfrentarán un proceso de adaptación reactiva a la demanda masiva de traslados hacia el Distrito Federal por motivas laborales, administrativos o escolares; dando paso a la proliferación de sitios de taxis particulares como por ejemplo el de san Bartolo, el Mercado del Molinito o Loma Linda, la circulación de autobuses foráneos que prestaban servicio local al atravesar el municipio en su trayecto hacia Toluca (el somex) y otros de línea futurista (delfines y ballenas) que corrían de Izcalli Chamapa a Chapultepec, la incursión de camiones suburbanos pertenecientes a la mítica ruta “México-Tacuba, Huixquilucan y anexas” o urbanos “guajoloteros” que cubrían largas rutas por carecer de derroteros y alimentadoras, como ejemplo podemos citar los camiones que iban de la estación Panteones y el Toreo al depósito de agua en la Calzada de Guadalupe y posteriormente casi por generación espontánea un número no determinado de “combis peseras” y “microbuses”, mal necesario de toda la zona conurbada y sus casi increíbles configuraciones adaptadas para albergar la mayor cantidad de usuarios; hasta 15 pasajeros dentro de una combi sin las mínimas condiciones de seguridad en los años 90.

Para refrescar más la memoria, en los años 70 llegaron unidades de transporte, conocidos como “Delfines”, que eran de fabricación mexicana y ofrecían un servicio casi de lujo por un peso (antes de quitar los 3 ceros) con la promesa de no llevar pasajeros de pie y hasta estaban equipados con asientos acojinados y un torniquete y tenían paradas exclusivas. Pero con el tiempo, el concepto se fue modificando porque no había tantos camiones como para darse ese lujo y los choferes subían pasaje que debía permanecer agachado en los pasillos con el fin de que nadie los viera desde afuera.

Los Delfines eran autobuses blancos que de inmediato se convirtieron en uno de los símbolos de la metrópoli y tuvieron una especie de copia con las “Ballenas”, que eran autobuses reconstruidos que pretendían operar de manera similar, aunque no fueron tan exitosos.

En 1981, el Presidente José López Portillo decretó que las compañías camioneras pasarían a manos del Gobierno, creando así la Ruta 100, el cual era un gran plan de transporte que marcaba rutas que cruzaban toda la ciudad y hasta llegaban a lugares del Estado de México; podías ir del Toreo a Satélite en Ruta 100. El Estado de México también intentó crear en los 80 una especie de Ruta 100, la cual llamó “Sistema de Transporte Troncal” o STT, la cual operaba autobuses azules que eran popularmente conocidos como “Pitufos” y que brindaban un buen servicio en Periférico y otras vialidades; sin embargo, terminaron en el olvido.

Entre los años 1982-1985; se pusieron en operación siete organismos descentralizados de carácter para municipal denominados Sistema de Transporte Troncal (Neza, Toluca, Naucalpan, Tlalnepantla, Ecatepec, Cuautitlán Izcalli y Chalco), desencadenando el imparable negocio de las concesiones y la voracidad del “pulpo camionero”. El 22 de agosto de 1984 se inaugura la estación 4 caminos y la estación Panteones que articuló la conectividad con la estación Tacuba y por consecuencia con la ruta 2 (azul) hasta Taxqueña; sin que hasta la fecha se hayan ejecutado obras de infraestructura de gran calado en beneficio de Naucalpan.

La movilidad del Estado de México, como en la mayoría de ciudades del país, ha crecido sin orden ni planeación urbana. El transporte público está concesionado o permisionado a particulares, el parque vehicular es mayor al necesario y más del 40 por ciento es irregular.
Los costos de transporte público son mucho más altos que los de la CDMX y algunas unidades no cuentan con seguros contra accidentes por daños a terceros. Sus trabajadores no tienen prestaciones y apenas hace unos días se anunció que habrá una carrera técnica para ellos, a fin de mejorar la calidad del servicio.

El Estado de México es la región con mayor índice de feminicidios y de acoso sexual contra mujeres en el transporte público en nuestro país, sin embargo no hay suficiencia de transporte rosa (planeado para el uso exclusivo de mujeres) que recorra el estado. La cobertura de cámaras y sistemas de seguridad tales como botones de pánico, constituye un porcentaje mínimo.

Se habla de la modernización de los Centros de Transferencia Modal (CETRAM), o paraderos, con una mejor infraestructura así como vigilancia para garantizar la seguridad de los usuarios, y ya se ha aplicado en Ciudad Azteca y Cuatro Caminos. Pero tal parece que solo se hacen adecuaciones que contribuyan al comercio formal e informal con la finalidad de exprimir la economía de los usuarios, con todo tipo de mercancías,al transitar a pie por sus instalaciones.

Como sucede con otros temas, la participación ciudadana informada resulta de primordial importancia. Somos nosotros, nuestros hábitos y por lo tanto nuestras necesidades, quienes debemos estar presentes en la planeación de propuestas que nos atañen, en su implementación y la vigilancia de su buen funcionamiento. La transparencia, el diagnóstico y la educación nos hará ciudadanos responsables con nuestro entorno y el futuro de nuestras ciudades.

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Mayor información:

https://www.eluniversal.com.mx/…/s…/2016/12/9/delfines-de-un

 

 

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