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Mié, Jul
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La metrópoli incierta. parte 4 de 4

Opinión
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Los invisibles de Naucalpan.

El futuro

Somos lo que decimos y cómo lo decimos. Pero también, lo que callamos. Los silencios sí importan. Ser omisos ante los actos contrarios al bien común nos convierte en cómplices.

•El agua

El cuarto municipio más poblado del Estado de México se enfrenta a la escasez de agua y a la alta contaminación de los ríos. La relación entre la disponibilidad del recurso en Naucalpan y su uso ha aumentado un 85% desde 1970 en las regiones urbanas y suburbanas del municipio. El uso de los recursos hídricos debería ser de los principales retos en el camino aún no emprendido por Naucalpan de Juárez hacia la sostenibilidad. El municipio de mayor aportación al PIB del Estado ha triplicado su población desde 1970 y la escasez del agua, sumada a la alta contaminación que sufren los cursos fluviales; la desertización causada por la pérdida del suelo sustentable y la acelerada desertificación que provoca la mano del hombre, ha convertido este fenómeno en un problema de primer orden que sigue sin atenderse o mitigarse.

Es prioritario un adecuado cuidado del agua, implementación de políticas públicas encaminadas a la recuperación de los mantos freáticos, la limpieza constante de barrancas, el saneamiento de rios y la reconstrucción de los vertidos de las cuencas principales de la geografía municipal contaminadas y reducidas de manera alarmante desde la década de 1970 y hasta hoy, lo que ha trazado la evolución de la escasez de agua.

En el presente año, Naucalpan, enfrenta una de las precipitaciones pluviales más exiguas en mucho tiempo; apenas el mes de mayo las altas temperaturas y los incendios forestales hacían mella en las de por sí enfermas y desgastadas áreas verdes que aún soportan la presión urbana, dos meses después y con apenas unos días de lluvia intermitente, el municipio enfrentó dos colapsos en su carpeta vehicular, al producirse de manera “sorpresiva” dos socavones de considerable magnitud en una de las zonas más densamente pobladas y donde la infraestructura hidrosanitaria tiene ya cerca de 50 años de haberse construido por los mismos habitantes. El organismo operador se ve rebasado ante su falta de diagnósticos serios, mantenimiento profesional y planeación estratégica sobre las condiciones actuales de la red que tiene a su cargo. Una vez más paso lo de siempre, la reacción torpe e ineficiente, que además implica un innecesario derroche de recursos ante la falta de capacitación constante, capacidad y técnica. Todos somos testigos mudos de como se va por el drenaje y por sus distintas hemorragias en forma de fugas, nuestro bien más preciado, el agua.

Posteriormente esas inagotables fugas son exhibidas por igual cantidad de fracturas en banquetas y vialidades, por todo el municipio. Mientras los encargados de cuidar y atesorar nuestra riqueza natural, presumen como su más importante logro, su muy cuestionable capacidad de reparar 6000 de estás fracturas coloquialmente llamadas baches en tan solo 6 meses de trabajo. Es decir 1 bache cada 10 minutos, una mentira fácilmente demostrable.

La tarea pendiente de Naucalpan será la mejora constantemente en la aplicación de la tecnología de ahorro de agua y la construcción de proyectos de gestión inteligente del líquido, para resolver la creciente demanda de agua potable y evitar la contaminación en todos los cuerpos de agua en el territorio. Asignatura apremiante.

•Urbanismo centrado al peatón

Toda la planificación urbana del municipio desde su “despegue” en los años 50 es para los vehículos automotores; la gente no importa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto el foco en la forma de hacer de las ciudades y su impacto en la salud. Se estima que en 2050, alrededor del 80% de la población mundial vivirá en zonas urbanas y los grandes núcleos de población empiezan a repensar su modelo urbanístico para adaptarse a lo que se les viene encima. Así, la búsqueda de sistemas sostenibles, que prioricen la salud, marcan la hoja de ruta de las ciudades del futuro. El tiempo, y el espacio, de los coches individuales toca a su fin y la implementación del trasporte público, la movilidad a pie y el despliegue de zonas verdes se abren paso como alternativas. Un ejemplo de lo que se debe cambiar con urgencia y con un plan que privilegie una ciudad limpia es, la falta de movilidad en el centro de Naucalpan, particularmente en las avenidas Gustavo Baz, Primero de Mayo y 16 de septiembre, donde es evidente que no se cuenta por parte del gobierno con la capacidad ni la autoridad para hacer valer los derechos mínimos de libre tránsito de sus gobernados, menos aún con un plan a mediano plazo que permita la liberación de las avenidas, banquetas y vidas de los habitantes actualmente secuestradas entre vehículos automotores contaminantes, servicios públicos de mala calidad y “puestos” ambulantes.

•Crecimiento vertical embellecimiento horizontal.

La saturación demográfica implica una importante trasformación en la fisionomía de las ciudades y en la distribución de metros cuadrados por habitante.Esta nueva organización espacial también implicará un cambio de vida para los pobladores, debido a la relación del territorio con la arquitectura, economía, política, geografía, ecología y cultura, entre otros aspectos que se integran a su entorno.

En ese sentido, la misión de todos es contribuir con la formación crítica y autogestiva de profesionales, académicos y políticos que entiendan la importancia del equilibrio entre el espacio abierto, público y privado, y las diferencias entre el espacio público, privado y el natural, con especial atención a las viviendas, que es donde las personas habitan y desarrollan sus actividades cotidianas.
Pero lo más importante, es el compromiso social y ambiental de la arquitectura para repensar el papel de las metrópolis en el país.

Por ejemplo: en México se edifica mucha vivienda, y entre 60 y 70 por ciento es autoconstrucción; lo mismo sucede con el crecimiento de las ciudades, más allá de los rebasados procesos de planeación. Lo idóneo sería crecer en altura, pero nos hemos dispersado sobre el territorio. Algunas zonas de desarrollo urbano están planificadas, pero otras requieren de la participación de arquitectos y urbanistas, a fin de integrarlas a la estructura de las ciudades del futuro.

El buen desarrollo de las metrópolis dependerá de la distribución de la población, y también de la capacidad gubernamental para formular planes económicos, sociales y espaciales realistas que permitan una mejoría sustancial en la calidad de vida, lo cual implica a los espacios arquitectónicos, la movilidad, la solución a los problemas ambientales, el derecho a servicios como el agua, a la recreación y una adecuada planeación que abone incluso en la administración del ocio y el tiempo libre. El problema es que esos derechos están en el marco jurídico, pero no en la realidad.

•Resiliencia urbana

Una nueva capacidad para construir un mejor destino; con el fin de divulgar y promover el conocimiento en torno al concepto de resiliencia urbana, está se planteó desde cuatro ejes troncales basados en las políticas postdesastre y posconflicto; la gobernanza y planificación sobre cambio climático; el diseño y gestión urbana orientados a la dotación de estructuras y servicios; y finalmente, desde las iniciativas comunitarias y procesos participativos.

Pero, ¿qué es exactamente la resiliencia urbana? Dentro del ámbito urbano, UN-Habitat define la resiliencia urbana como “la habilidad de cualquier sistema urbano de mantener continuidad después de impactos o de catástrofes mientras contribuye positivamente a la adaptación y la transformación hacía la resiliencia”. Si entendemos la ciudad como un gran asentamiento humano, es decir, un organismo vivo, se sobreentiende que existe un intercambio de energías, flujos, información y de recursos dentro de la misma. Así, la ciudad resiliente es aquella que tiene capacidad para recuperarse rápido de los impactos que sufre su sistema, entendiendo que la urbe es un sistema de sistemas que requiere un buen funcionamiento y balance entre todos ellos.
Si el término resiliencia implica una visión conjunta de ciudad, hoy en día ya se habla de resiliencia ecológica, resiliencia urbana, resiliencia energética, resiliencia comunitaria, políticas de resiliencia, redes para la resiliencia… cuando en realidad, el término resiliencia denota un enfoque holístico que permite un manejo equilibrado e integrado de los riesgos que puedan suceder en la ciudad, a cualquier escala.

•Tejido social

Los problemas han sido identificados pero no forman parte de los debates serios ni de la agenda pública por un total desconocimiento e indolencia por parte de la población sobre la realidad municipal actual. Algunas de las propuestas se asumen de forma más transversal que otras por los distintas expresiones y partidos políticos.

Por ejemplo: ante la necesidad de recuperar movilidad vehicular y espacio peatonal con políticas innovadoras añadidas a sistemas de transporte masivo propulsado por energías limpias o la urgente creación de senderos peatonales seguros o carriles confinados en toda la geografía municipal. Estas propuestas se rechazan frontalmente, quizá porqué no hacerlo iría en detrimento de potenciales bolsas de votantes, la cornucopia clientelar de los partidos políticos. Lo importante, en todo caso, es que tanto los que apuestan por dar un paso hacia adelante ante esa concepción de la ciudad del futuro como los que deciden oponerse, ya están hablando de ello, existe un debate incipiente entre los nuevos modelos de participación ciudadana asociativa y la partidocracia local representada por cacicazgos familiares muy cerrados. Y cuando eso pasa, sólo es cuestión de tiempo que las resistencias vayan cediendo.

El más que posible cambio de color en el Ayuntamiento de Naucalpan para 2021 será interesante para contrastar ésta hipótesis. Pero hay otro elemento que pasa más desapercibido y que está en el corazón de todos los problemas señalados: en las ciudades no se cuida el lazo social ni su correcto entramado.

Si bien la cultura propia de cada ciudad hace que el comportamiento de sus habitantes varíe en ese aspecto, difícilmente nadie que no se conozca previamente se saluda por la calle. Normal. Las caras, las gentes, son anónimas e invisibles. Pero cuando la sensación de anonimato es absoluta, el desarraigo hace mella.

Las razones socioeconómicas siguen siendo las más relevantes en condicionar nuestra salud, la discriminación social y la soledad se sitúan como importantes factores de impacto. El constante ruido del motor de los coches y la mala calidad del aire aumentan nuestros niveles de estrés, la sensación de afrontar la densa jungla urbana hoy convertida en una aldea donde priva la ley del más fuerte, sin una red de soporte emocional erosiona nuestra salud mental. Sin embargo, la reflexión acerca de dichos factores se halla ausente de nuestro pensar político acerca de la ciudad. De ahí la importancia de generar nuevos modelos de tejido asociativo e iniciativas vecinales que mejoren la calidad de vida, el hilo social y la sostenibilidad de las comunidades urbanas.

•Conclusión

En nuestra opinión colectiva, sí está fallando el gobierno. Inseguridad ciudadana y violencia criminal creciente. Funcionarios ineficaces y reiterativos en varios rubros. No hay liderazgo, planes ni buenos resultados; una oposición inexistente que abolió en la realidad el modelo de frenos y contrapesos, sumado a una total balcanizacion de la sociedad naucalpense, que se pierde en la solución diaria de sus planteamientos cotidianos sin darse tiempo de pensar en la enorme capacidad de transformación que posee; siempre y cuando decida asumirse como agente de cambio y no solo como un ciudadano enojado, resignado a ver cómo se construye todos los días el único escenario posible para Naucalpan. La debacle.

Ya es momento de mirar por encima de nuestra propia necesidad y el debate político, tengamos siempre en cuenta a las personas, porque nosotros somos personas, nos tenemos que cuidar y tenemos que cuidar Naucalpan, porque aquí vivimos y porque se lo debemos a las generaciones que vienen. Aún hay tiempo.