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En 4 años, UG no logra articular política contra la violencia de género; son las víctimas quienes han marcado el paso

Opinión
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Carmen Pizano publicado en www.poplab.mx

Protesta pacífica de las alumnas de la Colectiva UG en Sororidad cimbra ceremonia de graduación: "no se puede presumir prestigio mientras se encubra acosadores"; UGénero, limitado en personal y presupuesto, sigue "en curva de aprendizaje"

 

Frente al poco interés de directivos de la Universidad Guanajuato para atender y sobre todo por prevenir los casos de violencia de género, crecen las manifestaciones de estudiantes que han decidido unirse, denunciar y enfrentar toda la estructura de una institución que parece seguir optando por ocultar y minimizar el problema.

Lejos de la atención integral, cada día más casos salen a la luz pública. La atención queda concentrada en un programa llamado UGénero que opera con apenas siete personas para los cinco campus universitarios distribuidos en el estado.

Fotografías de Juan José Plascencia

 

Han pasado cuatro años desde la primera denuncia pública que se hizo mediática: el acoso de Julio César Kala a una becaria, derivado de los cual surgió el primer protocolo de atención a la violencia de género y la creación del organismo que lo aplicaría. Sin embargo, a la fecha no se cuenta con mecanismos claros que atiendan la problemática y la institución sigue "librando una curva de aprendizaje", según la tercera titular del programa UGénero, Lourdes Gazol.

Cuatro años después, la UG presenta un reporte al Congreso de la violencia de género que muestra inconsistencias entre la información contenida y los casos de los que se ha tenido noticia pública. El rector general Luis Felipe Guerrero Agripino, quien se apresta a su reelección tras esos mismos 4 años en el cargo, deberá aclarar el tema ante las y los legisladores de la Comisión de Equidad de Género.

 

La impunidad origina la auto organización

El grito de: ¡Yo sí te creo! cimbró no los muros del viejo edificio central de la Universidad de Guanajuato, sino el alma y corazón de las alumnas del campus León que tuvieron la valentía de denunciar el acoso que padecían dentro de la institución, y que después de una dura lucha se despedían de la vida universitaria, no sin antes recordar a sus autoridades el amplio camino que falta por recorrer para presumir ser una Universidad de clase mundial.

Desde el primer caso público por acoso sexual de un profesor a una estudiante han pasado casi cuatro años, sin que se puedan observar avances claros para prevenir la violencia contra las estudiantes, tampoco se han impuesto sanciones ejemplares para profesores a los que se les ha comprobado ser acosadores, y así desde la institución que se nombra “la máxima casa de estudios de la entidad” sigue prevaleciendo la impunidad y la constante repetición de la violencia.

 

La inoperancia de programas enfocados a la atención de la violencia de género en la UG, acompañada de la inmunidad de la que gozan ciertos profesores, llevó a estudiantes del campus León a organizarse, denunciar públicamente a sus acosadores. Acompañadas por maestras y activistas presionaron para que se hicieran investigaciones y se sancionara a los agresores. La determinación final quedó en apenas ocho días de suspensión para los agresores.

La colectiva de Alumnas UG en Sororidad tuvo que enfrentar, después de la denuncia pública, la hostilidad de directivos del campus León. Luego de casi 10 meses de hacer públicos sus casos siguen con el mismo ímpetu de exigir respeto y seguridad para las mujeres estudiantes dentro de una universidad que recibe, tan solo de presupuesto estatal, más de 2 mil 725 millones de pesos.

La sororidad combativa se viste de toga y birrete

El espíritu combativo de las estudiantes que conformaron la Colectiva se vio hasta el último día de su paso por la licenciatura en Sociología de la Universidad de Guanajuato, donde no solo aprendieron de la teoría a través de los estudios que han realizado reconocidos especialistas, sino que la congruencia entre el discurso y las acciones es un acto casi imposible de conseguir cuando se anteponen intereses muy alejados a los de la educación.

El auditorio general de la UG, ubicado en el edificio central en la capital del estado, recibió a las y los estudiantes graduados de la División de Ciencias Sociales y Humanidades sede San Carlos. Entre las decenas de estudiantes hubo cuatro rompiendo protocolos para alzar la voz por un espacio educativo libre de violencia, y no solo en el evento de graduación, sino desde meses atrás.

 

Judith, egresada de Sociología, integrante de la colectiva, se plantó frente a un auditorio abarrotado por estudiantes y familiares para recordarle a las autoridades universitarias que el camino apenas inició, pero que si se atrevieron a alzar la voz fue producto del hartazgo por no vivir seguras dentro de la que han considerado su segunda casa, la universidad.

 

“Lo único que tenemos como certeza es que no volverán a tener la comodidad de nuestro silencio, la colectiva ha marcado un cambio en la Universidad de Guanajuato porque pone en entredicho el ideal de aquí no pasa nada, legitimando con la supuesta neutralidad de los y las estudiantes”.

 

El morado, color que distingue el movimiento feminista a nivel mundial, fue portado por las integrantes de la colectiva en el cuello de la toga, como símbolo de una batalla que no ha sido ganada, pero al menos comenzó cuando ellas decidieron dejar de callar.

 

Con cartulinas en color rosa a sus espaldas para recordar hasta el último minuto de su paso por la universidad la violencia de género solapada por altas esferas, las cuatro estudiantes graduadas que vivieron el acoso y la lenidad de una institución que desde el 2014 busca ser “de clase mundial”, protagonizaron una pacífica pero emotiva manifestación para recordar a las autoridades el largo camino que queda por andar.

Irónicamente, mientras las jóvenes escuchaban el: ¡Yo sí te creo! que coreaban integrantes de la colectiva, familiares, amigos y asistentes al acto de graduación, después de que el maestro de ceremonias mencionó su nombre, tenían que pasar a recibir el distintivo de la UG y un diploma de manos de la primera autoridad educativa que negó que existiera acoso, que minimizó el problema que no es nuevo, pero que tampoco había sido atendido: Alex Caldera Ortega, director de la División de Ciencias Sociales y Humanidades del campus León.

El académico que había sido enterado del acoso que vivían estudiantes desde antes de que se hiciera público, el mismo que argumentó la ausencia de una denuncia formal para poder actuar y que después de que se comprobaron los casos terminó diciendo que no se había tratado de acoso, sino de “mala conducta” por parte de los profesores, fue el padrino de la generación.

Así, los profesores de la UG lograron librar las denuncias de acoso con apenas ocho días de suspensión.

 

“Ninguna universidad puede hablar de prestigio mientras encubra acosadores”, se podía leer en una de las cartulinas rosas que, posterior a la ceremonia, fueron colgadas en el auditorio de la Universidad de Guanajuato.

El aprendizaje que dejó en las estudiantes el enfrentarse a un sistema educativo que se niega a reconocer realidades como la violencia de género en la UG lo llevarán bien aprendido.

Tere, integrante de la Colectiva, reconoció que lo más difícil fue evidenciar que lejos de las teorías que se leen en las aulas está una realidad próxima que suele pasarse por alto.

 

“Si no empezamos a cambiar nuestra realidad más próxima que es la Universidad, no podemos aspirar a cambiar allá afuera. Es más difícil la crítica hacia adentro, hablar de tu contexto más cercano que lo que está lejos”.

 

Mónica aceptó que cuando llegó a la UG tenía otra idea de lo que sería la vida universitaria, y aunque terminó decepcionándose de la institución, siempre hubo personas que le tendieron una mano y motivaron a no quedarse callada.

“Para nosotros conformar la colectiva le dio mucho sentido a nuestro paso por la universidad, no la hemos cambiado, pero nos demostramos que se puede hacer algo, sí me siento orgullosa”.

La profesora Mónica Sánchez, que acompañó a las alumnas en todo el proceso, no podía faltar a la ceremonia de graduación. Con los ojos llenos de orgullo veía cómo Judith pronunciaba un discurso para recordar a las autoridades que nunca más iban a tener el gusto del silencio.

 

En medio de los abrazos y felicitaciones que repartía la profesora Mónica a sus estudiantes, hubo también espacio para señalar la enorme brecha que está pendiente para poder presumir prestigio en una institución que solapa a profesores acosadores.

 

 

“Como docente la UG es la institución que más me ha marcado, realmente me ha llevado a replantearme lo que es ser docente en una Universidad pública. Ha sido un reto porque cuando llegué nunca creí que pasaran estas cosas (acoso de profesores a estudiantes), ha sido difícil porque es un fenómeno generalizado”.

 

A pesar de tratarse de una problemática detectada en la institución, ha sido difícil que las autoridades les crean a las estudiantes, que haya un castigo efectivo o medidas reales para prevenir.

Orgullosas del paso que dieron en la UG por una vida libre de violencia para sus estudiantes, se abrazaron, colgaron de las columnas del auditorio general los carteles, que a nadie se le olvide lo que inició una Colectiva de Alumnas en la sede San Carlos.

¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!

 

 

Intenta UGénero librar curva de aprendizaje

Las demoras de la institución en reaccionar a las denuncias que se han presentado han sido por el desconocimiento, aceptó la actual directora del programa UGénero, Lourdes Gazol.

El programa que ha tenido al menos tres titulares a poco más de tres años de su creación, presentándose de manera reiterada omisiones y errores que han resultado en la revictimización, pero que para Gazol significa una “curva de aprendizaje”.

Señaló que al no existir “nada escrito” sobre el acompañamiento que debe darse a las víctimas es que desde la UG siguen aprendiendo, aunque se han estudiado protocolos y medidas tomadas por otras instituciones educativa para trabajar en los casos de acoso.

En entrevista, luego de se diera a conocer la denuncia pública en el Colegio de Nivel Medio Superior de Irapuato, aceptó que las estudiantes siguen sin acudir a la institución para presentar las quejas porque desconocen el alcance del programa UGénero y eso les genera desconfianza.

 

“¿Cómo vamos a ganar confianza? Es poco a poco, no solo es en este espacio, se va corriendo la voz, te siguen buscando, me fue bien. Es una curva de aprendizaje en el trato y el seguimiento en estos casos, no hay nada escrito y las instituciones han tenido que irlo aprendiendo”.

 

La ventanilla UGénero se ubica en el edificio central, aunque cuando existen quejas en otros campus se traslada al escaso personal que tiene el programa.

Lourdes Gazol, titular de UGénero. Foto Archivo

 

Lourdes Gazol habló de las limitaciones económicas que tiene el programa, aunque evitó entrar en detalles sobre el presupuesto asignado para este 2019, prometiendo enviarlo a través del área de comunicación social, pero que nunca fue informado de éste.

El programa creado después de la primera denuncia pública de acoso por parte de Julio César Kala, las autoridades educativas se vieron obligadas a crear un mecanismo para recibir las quejas y dar atención a la comunidad universitaria, así se crea UGénero.

Mientras los casos van en aumento, el programa opera con apenas siete personas que atienden las quejas de los cinco campus. UGénero cuenta con la titular, una psicóloga, una abogada, una persona para la formación, otra para la planeación, una más para la parte administrativa y la persona responsable de la ventanilla que recibe las quejas.

Datos maquillados

La Universidad de Guanajuato parece más preocupada por ocultar los casos, por maquillar las cifras, que por dar atención y acompañamiento en cada una de las quejas. Así lo dejaron en evidencia tras enviar un informe incompleto a las diputadas que integran la comisión de Igualdad de Género.

A semanas de que se inicie el proceso para elegir al rector general de la UG, cuyo cargo pretende mantener Luis Felipe Guerrero Agripino, la comisión para la Igualdad de Género en el Congreso local pidió un informe a las autoridades universitarias para conocer la problemática de acoso. Después de recibir los datos enviados por la UG, las diputadas de las fracciones representadas (Morena, PAN y PT) aprobaron mandar llamar a Guerrero Agripino a una mesa de trabajo para que despeje las dudas que tienen las diputadas respecto a la atención en los casos de violencia.

En el documento que envió la UG a los diputados no está concentrado el primero caso de acoso hecho público, el que va contra Julio César Kala, asesor de Guerrero Agripino que fue exonerado por las mismas autoridades.

Además, hay diferencias en el número de casos presentados a las diputadas y el que se obtuvo a través de acceso a la información pública.

Mientras la unidad de transparencia reportó 28 casos a partir del 2016, con la creación de UGénero, a las diputadas se les reportaron 24 asuntos abiertos en el mismo periodo de tiempo.

 

Otro punto a destacar es que para la Universidad de Guanajuato solo hubo un caso de acoso en el campus León, cuando en realidad se trató de una denuncia colectiva que incluía las quejas de 17 estudiantes.

Resultado de la investigación, ocho profesores fueron sancionados con la suspensión de ocho días, lo que también ha generado entre las diputadas dudas respecto al reglamento que tiene la institución.

María Magdalena Rosales Cruz, presidenta de la comisión, manifestó que la primera pregunta para Guerrero Agripino será en qué basan las sanciones que son impuestas a los maestros acosadores.

La propuesta para que se presente a despejar dudas el rector general de la UG tendrá que pasar por la Junta de Gobierno y Coordinación Política, la que, además, tendrá que girar la invitación a Luis Felipe Guerrero si se aprueba que se realice la mesa de trabajo.

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