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PRI: Arroyo y Sánchez, los impresentables

Opinión
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Arnoldo Cuéllar

¿Puede el PRI siquiera intentar resucitar de la mano de sus ejemplos más claros de corrupción e indignidad política? Difícil, si no imposible

Aprovechando una agenda profesional, una reunión sobre salud, el doctor José Narro Robles visitará en Guanajuato algunos liderazgos priistas en preparación de su campaña por la presidencia de ese alicaído partido político.

Aunque la campaña formal arrancará después de la Pascua, el ex rector de la UNAM y secretario de Salud en la recta final del gobierno de Enrique Peña Nieto, aprovechará para hacer algunos contactos con lo que queda del PRI de Guanajuato.

Si no lo hace a la carrera, si se da tempo para indagar bajo la superficie, el avispado facultativo podrá darse cuenta de que su partido ya no existe en Guanajuato, que hace tiempo que sus dirigentes se alquilan al mejor postor y trabajan a veces para el PAN y ahora, a veces para Morena.

Por ejemplo, Francisco Arroyo Vieyra, el que pomposamente se hace llamar “el embajador” pese a que lo fue por razones políticos y solo una corta temporada, el dueño de la trayectoria legislativa más larga de un guanajuatense en la historia moderna del país realizada sin incomodar nunca al gobernante PAN, ya se prepara para tratar de acaparar la gira y “venderle sus servicios” a Narro.

Quizá el aspirante a dirigir el PRI no tenga claro que Arroyo Vieyra cogobierna la capital del estado junto con el panista Alejandro Navarro, quien a cambio de sus consejos, que de poco han servido por cierto, le ha cedido el manejo del agua potable en la ciudad, ni más ni menos, a través de un protegido carente del menor perfil.

Quizá Narro tampoco tenga claro como Arroyo le jugó contras al PRI y a Gerardo Sánchez, quien por cierto no necesitaba de eso para perder, pues su propia anticampaña lo desplomó a disputar el cuarto lugar de la tabla con el PVEM, pidiendo a cambio posiciones en el gabinete del gobierno panista para sus cercanos, lo que tampoco consiguió.

Sin embargo, Narro no solo quiere llevar a Arroyo en su campaña, también anda buscando a Gerardo Sánchez para plantear una estrategia ecuménica que le garantice arrasar en Guanajuato, lo que no deja de ser un simple eufemismo.

Tanto Arroyo como Sánchez están convertidos hoy en conspicuos magnates, dueños de emporios hoteleros, agrícolas e inmobiliarios. No eran tales cuando iniciaron sus carreras en la política hace algunas décadas. La imagen de ambos muestra de cuerpo entero lo que fue el PRI para el país y Guanajuato. Al lado de Narro no representan ningún respaldo y si una diana muy grande para las críticas. Los priistas, sin embargo, están hechos de otra pasta. Siguen pensando con el filósofo Carlos Hank que “un político pobre es un pobre político”; y con el pensador Gonzalo N. Santos que “la moral es un árbol que da moras o no sirve para una chingada”.

Es tal la descomposición en la que está sumido el PRI de Guanajuato, que este fin de semana fue posible ver una reunión del estado mayor del gerardismo en Celaya, para rebelarse… ¡contra Gerardo!

Allí estaban encabezando la asonada José Huerta Aboytes, coordinador parlamentario; Jaime Martínez Tapia, líder de esa reliquia en desuso llamada CNOP; y Rigoberto Paredes, otrora el socio más conspicuo de Gerardo Sánchez y ahora su peor crítico.

¿En serio cree el doctor Narro que con esos aliados puede mandar un mensaje de recomposición política, de renovación o de talante opositor? ¿Esa es la foto con la que quiere hacer campaña en Guanajuato?

¿Alguien cree en serio que la reactivación del PRI la pueden llevar a cabo los que han hundido a ese partido en dónde se encuentra?

Si esa es la idea para salir de la crisis y construir una alternativa opositora, la campaña que se viene solo será la prolongación de una agonía.

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