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Histórico zumbido de la colmena cimbra Guanajuato; Agripino se amuralla ante exigencias por la seguridad

Opinión
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Carmen Pizano, publicado en www.poplab.mx

Se cumplen 15 horas desde que inició el paro en la Universidad de Guanajuato. El paro se mantiene durante toda la noche a la espera de respuestas del rector, el gobernador y el fiscal

El temor que sufren los estudiantes al no saber si regresarán sanos y salvos a sus casas luego de la jornada educativa, mantiene atónitas a las autoridades universitarias al escuchar el zumbido de un enjambre que defiende su colmena ante las pedradas de impunidad que han sufrido durante varios años.

Son las 5:30 de la mañana, el coraje hacia las autoridades de la Universidad de Guanajuato por permitir el crecimiento de la violencia contra la comunidad estudiantil, el no esclarecimiento de los casos de estudiantes asesinados en la entidad y la víspera a un histórico movimiento para exigir sus derechos han interrumpido el sueño del alumnado.

La sede es el edificio central de la Universidad de Guanajuato poco a poco se abarrota de estudiantes inconformes, por la falta de atención de las autoridades académicas y estatales ante los homicidios, el acoso y el hostigamiento sexual en contra las alumnas.

 

 

Imágenes con señalamientos que responsabilizan al rector general de la UG, Luis Felipe Guerrero Agripino, por la crítica situación de violencia al interior de la institución, pancartas en las que se exige un freno a los ataques contra estudiantes, y los puños en alto en señal de protesta, acompañan el escaso desayuno de los universitarios previo a un movimiento que cimbró al estado.

El sol sale en la capital acompañado del grito que exige justicia y paz para el alumnado que emerge de los más de 800 estudiantes que escribieron con sudor, lágrimas y agallas la historia de la ciudad con un movimiento estudiantil que no se veía desde la década de los 50s.

Aquí también importan más los muros que las vidas

El rector general, Luis Felipe Guerrero Agripino, manda a cerrar los accesos a los inmuebles para evitar el ingreso de los estudiantes, aunque los alumnos garantizaron que la protesta se llevaría a cabo de manera pacífica y sin destrozos al patrimonio arquitectónico de la institución.

Afuera, los alumnos ya clausuraron con cinta de precaución la puerta principal de la Rectoría General, como si de una escena del crimen se tratara, como si al interior los cuerpos de la justicia, la paz, la igualdad y los valores universitarios hubieran sido asesinados.

Desde los ventanales del inmueble las autoridades observan los frutos de la semilla que sembraron, regaron y cultivaron con la falta de acciones para defender a sus alumnos de las agresiones, el hostigamiento, el acoso y la impunidad para sus agresores.

La unión del alumnado es simplemente espectacular, los lazos fraternales son más fuertes con el transcurso de la movilización, quienes no estuvieron presentes desde un inicio suministran alimento y bebidas a los agotados compañeros que se mantienen en pie de lucha.

La comitiva enviada por Guerrero Agripino, en un primer intento por controlar la manifestación, se acerca a los estudiantes; sin embargo, la presencia de la secretaria general de la institución, Cecilia Ramos Estrada, no es suficiente para el contingente, ellos están hartos de pronunciamientos, de diálogos que no llevan a ninguna parte, quieren tener enfrente a quien acusan de ser el principal responsable, por omisión e indiferencia, del crecimiento de la violencia en la institución.

Con el primer golpe a favor de los estudiantes que rechazan dialogar con la enviada del rector, entre el incesante aliento que emana de los corazones estudiantiles al unísono para hacer temblar con palabras a las autoridades, la derrotada comitiva de los académicos vuelve a encerrarse en el icónico inmueble.

 

 

“Cuantas vidas más vale tu prestigio”, “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, ese no es un rector, es un fascista, macho, burgués”, “Agripino no es rector, es un macho opresor”, “Ni honor, ni gloria al viejo relicario”, son las consignas entonadas por las gargantas estudiantiles ante la falta de gallardía de Guerrero Agripino para afrontar al enjambre.

La manifestación continúa por las calles capitalinas, tres escuadrones estudiantiles vigilan las entradas al edificio central, banderas con una herida abeja ondean vigorosamente, las sátiras al rector a través de pancartas cada vez son más, los puños en alto parecen multiplicarse.

No es necesaria la presencia policial, la manifestación se lleva a cabo de manera pacífica como garantizó el contingente; sin embargo, algunos uniformados observan como centinelas desde lejos el movimiento mientras informan a sus superiores.

 

 

Espías

Los rumores comienzan a crecer entre el alumnado: “hay infiltrados que quieren tronar el movimiento”, se susurra en los oídos de los enfurecidos manifestantes, lo que los obliga a dar la orden de desenmacascarar a los encapuchados que arriban al lugar y solicitarles que se identifiquen como estudiantes.

Los ojos de Guerrero Agripino son los fotógrafos del área de comunicación, quienes en lentes angulares y 70-200 milímetros registran a cada uno de los participantes, pese a que una de las peticiones de alumnado fue el que no se tomen represalias contra los protagonistas del histórico movimiento.

 

 

Desde su trinchera, después de ocho horas de paro, el rector envía un comunicado al alumnado donde informa que de nueva cuenta buscará el acercamiento con la enfurecida colmena por medio de la misma comitiva que fracasó en la primera ocasión.

El segundo intento por controlar la protesta se presentó cerca de las 2:30 de la tarde. Ahora, el temor invade cada vez más a los académicos, quienes vía telefónica solicitan al grupo que conformen una comisión para dialogar "en un marco de respeto" con el rector general.

Un rotundo ¡NO! es la respuesta, los estudiantes no quieren diálogos entre cuatro paredes y exigen al rector que la reunión se lleve a cabo en un foro abierto y con la mayor cantidad de alumnos posibles, segundo golpe a favor de la comunidad estudiantil.

La lucha parece prolongarse, pero el ánimo no cae, las consignas se escuchan cada vez más fuertes, las pancartas tapizan los inmuebles aledaños, las banderas no dejan de ondear, así como el espíritu universitario.

Preparados para la lucha, a través de redes sociales los estudiantes solicitan el apoyo de la ciudadanía, requieren alimentos, bebidas, cobijo y artículos de higiene personal para continuar la lucha durante la gélida noche.

 

 

Han pasado ya más de 15 horas, llega información al contingente en el edificio central de la UG: “en la presidencia municipal se encuentra el alcalde y su gabinete”, los manifestantes se dirigen a prisa para exigir a Navarro Saldaña garantizar la seguridad al alumnado.

A un costado del rostro de Benito Juárez, el contingente exige el diálogo con las autoridades, las cuales salen con rostros alargados, un ceño fruncido, como si estuvieran hartos de las “molestias” ocasionadas por la lucha estudiantil, una lucha que solo exige el derecho a la vida, al estudio seguro, a no ser víctimas de la violencia.

Mientras Alejandro Navarro Saldaña baja la mirada, como si no le importara el acontecer delictivo contra el alumnado, su “diplomático guardaespaldas”, Héctor Corona León, secretario del Ayuntamiento, trata de remediar la situación, pero simplemente hace enfadar más a la colmena universitaria.

 

 

Corona pide al contingente conformar una comisión para dialogar con las autoridades, al parecer no se enteró que los estudiantes quieren una audiencia pública, donde el alumnado no sea fraccionado para tratar asuntos que competen a toda la comunidad universitaria.

El rugido de los jóvenes estalla, se niegan a ser divididos. Al Igual que las abejas, saben que son más fuertes en enjambre, y no aceptarán diálogos fuera de la vista de todos. Fue mucha la lucha durante la jornada para bajar los brazos y aceptar cualquier propuesta.

En un lastimoso intento por llevar a cabo una audiencia pública, sin conocer las peticiones del alumnado y con una estrategia obsoleta para los universitarios, Corona fue abucheado, cuestionado y evidenciado a las puertas de la presidencia.

Tras el fiasco del secretario del Ayuntamiento al señalar que en las zonas habitacionales de estudiantes hay una gran cantidad de fiestas, Navarro Saldaña al fin salió a dar la cara para reconocer que merece la rechifla de la multitud y proponer plasmar su firma en el pliego petitorio. No: los estudiantes no aceptarán la firma fraccionada, exigen que el pliego sea firmado por el alcalde, por el gobernador, por el rector y por el fiscal general.

Una madre de familia, que desde León llegó para apoyar el movimiento estudiantil, manifestó su preocupación, el simple hecho de pensar en que su hija no volverá sana y salva a sus brazos, la hace alzar la voz por toda la colmena.

Cuestionó en público dónde estaba el rector, por qué no aparece, por qué no se presenta a dialogar con los alumnos. Argumenta que no tema, los alumnos no le harán daño, si ella pudo venir hasta Guanajuato para apoyar al contingente, por qué el representante de la UG no acude al llamado de la colmena, a la que presume en cada oportunidad en eventos públicos cuando de logros se trata.

La colmena fue clara, la cita será a las 10:00 de la mañana del jueves en el Teatro Principal, si las autoridades mencionadas no asisten, la manifestación continuará, los edificios universitarios continuarán cerrados, la lucha por los derechos de los estudiantes sigue en pie.

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