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El año del silencio

Opinión
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Verónica Espinosa, publicado en www.poplab.mx

Ganas de no hablar sobre los números que nos tienen a la cabeza, en los primeros sitios, en los lugares de honor de las listas del horror

Qué difícil es poner la mirada en un solo punto de la vida pública guanajuatense, en días y meses en los que tantas tempestades se han desatado.

En el mes de noviembre, el recrudecimiento de la violencia criminal fue palpable en Guanajuato. Lo vimos en los números con que se cuentan los asesinatos (dolosos y no), en los medios, en la cotidianidad…

Pero lo vimos también porque el desafío de los grupos criminales a un Estado que más bien parece inerte, se refleja en su mayor atrevimiento para irrumpir en los espacios que cualquier persona pudo considerar antes como seguros o ajenos a sus batallas.

En Salvatierra, Juventino Rosas y Apaseo el Grande, en unos cuantos días, hospitales públicos de la Secretaría de Salud del Estado fueron blanco de la irrupción de estos grupos de encapuchados literalmente armados hasta los dientes, para asesinar –o rematar- a algún herido que en la calle había logrado sobrevivir.

En otro caso, sometieron a un muy robusto guardia de seguridad y dispusieron del tiempo para recorrer una a una las salas de hospitalización hasta que dieron con la persona a la que querían, misma a la que sacaron en vilo, con todo y colchón.

La administración pública tampoco se salvó del desafío criminal.

El tesorero de Abasolo Mauricio Guerrero y el ex presidente municipal de Cortazar Hugo Estefanía fueron asesinados en la misma semana, con unas 24 horas de diferencia.

Las menciones sólo abarcan noviembre. Pero estamos por terminar un año de miedo.

Un año en el que autoridades estatales y ciudadanía pareciéramos estar mirando hacia lados distintos, hacia realidades distintas.

Un año en el que desde el Estado se ha procurado guardar silencio, hablar el mínimo, la evasión tenaz sobre la situación en materia de seguridad, sobre la violencia, sobre la desaparición de personas, los cárteles, las policías o los funcionarios que pudieran estar colaborando con el lado criminal.

Ganas de no hablar sobre los números que nos tienen a la cabeza, en los primeros sitios, en los lugares de honor de las listas del horror.

Un silencio necio que no explica cómo es que, advertidos de muchas maneras sobre los desplazamientos estratégicos y territoriales de los grupos criminales y sus componendas de años por el país, se nos presumió de un blindaje y una experimentada capacidad que resultaron ser rotundos fiascos al día de hoy.

Muchas las ausencias de autoridad, las mujeres asesinadas, los policías emboscados; muchos los robos inauditos a las puertas de un banco, los cajeros automáticos arrastrados y saqueados en plazas llenas de cámaras de vigilancia, los asaltos afuera de los Oxxos.

Entre el “Guanajuato hoy es mejor” y la “Grandeza de México”, algo se pudrió.

Son muchas las cuentas pendientes y las explicaciones que se nos adeudan.

Son muchas las víctimas, muchos los ofendidos, los deudos.

Mucho el silencio.

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