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Grandeza 4.0: publicidad desmedida y relumbrón estroboscópico

Opinión
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Jaime Panqueva, publicado en www.poplab.mx

Nadie sabe en realidad cuánto nos ha costado este despliegue excesivo de propaganda que busca opacar la violencia que desborda a nuestras autoridades.

Cuando a finales de marzo de este año se anunció con bombo y platillos que León sería sede de la primera edición de la Feria de Hannover en América Latina, escribí un artículo, Ferias y Ferias, sobre la trayectoria de esta empresa en la organización de eventos especializados. Confiaba entonces que la misma seriedad aplicada a las exposiciones que visité alguna vez en Alemania se aplicaría en este lado del Atlántico, y por ello, me dispuse a darme una vuelta para visitar la Industrial Transformation Mexico (ITM), como decidieron llamar a ese pedacito de modernidad trasplantado a nuestro terruño. No en vano, pensé, el despliegue mediático, a costa del erario público guanajuatense, que compró secciones completas de diarios estatales para hablar de la revolución industrial que se gesta en los grandes corporativos tecnológicos del mundo. Nadie sabe en realidad cuánto nos ha costado este despliegue excesivo de propaganda que busca opacar la violencia que desborda a nuestras autoridades. La ITM se ha ensalzado por medio de publicidad desmedida acompañada por el relumbrón de los brazos robóticos, láseres estroboscópicos y la famosa “mentefactura”, que nos hace sentir como retrasados mentales.

Llegué a las 11:20 al Poliforum para descubrir una fila 4.0. Es decir, una que superaba largamente a la 1.0, la de la tortillería; la 2.0, de las instituciones bancarias; y la 3.0, del IMSS. El guardia de seguridad apostado ante las elegantes puertas de vidrio lo definió muy claramente: “Tengan gafete o no, sólo se entra por esta puerta y hay que formarse como en el banco”. Aquí debo aclarar que por lo general, las grandes ferias especializadas del mundo son extensiones del ámbito laboral y suelen abrir sus puertas a las 9:00am. No sé si en algunos sectores de México se ha perdido la costumbre de levantarse temprano, pero ITM abrió sus puertas el viernes a las 12:00, y mientras se permitía el ingreso a cuentagotas a la zona de registro del Poliforum, podíamos ver desfilar por un lado los contingentes de estudiantes de secundaria y prepa que luego llenarían los corredores.

 

Colas 4.0. Fotos: Jaime Panqueva

 

Una vez guarecido del sol leonés dentro del gran corredor del foro, el escenario no podía ser más dantesco. Las colas para el registro parecían una antesala al Purgatorio. Según me comentaría después, Cristoph Hesse, Project Manager de Hannover Fairs, la expectativa de visitantes totales de la feria se satisfizo durante el primer día, algo que no sorprende si consideramos el desenfreno publicitario y que cualquier hijo de vecino podía entrar sin pagar un peso. Los organizadores no esperaban una afluencia tan alta de visitantes, aun sin contar a las miríadas de estudiantes que entraron de relleno.

Y aunque Hannover Messe decía estar satisfecha por el resultado de esta primera aventura latinoamericana, los expositores presentaron otra cara. Muchos se quejaron de que no se hubiera organizado horario para la visita de estudiantes y curiosos. La inversión realizada en los stands, si solo consideramos los precios por metro cuadrado, que llegan a US$400, más el personal, y la logística para traer y montar los equipos a exhibir, no se justifica si la afluencia de compradores especializados se ve atosigada por jóvenes de secundaria, mochilas incluidas.

 

Prerregistro a las 12 p.m.

 

La gratuidad del evento, algo impensable en una feria especializada de verdad, jugó también en contra de los expositores. Uno de ellos, que compró su stand en la sección de Startups, comentó con indignación: “El primer visitante que tuvimos en nuestro espacio vino a pedirme que le regalara uno de nuestros termos promocionales”. Su empresa vende software de mejoramiento continuo para empresas industriales. Otra vendedora de equipos de control numérico comentó que los ejecutivos de su empresa se cuestionaban seriamente volver a participar.

Conversé con estudiantes, algunos de preparatorias técnicas y universitarios, quienes andan más al tanto de la tecnología y pueden aprovechar mejor una visita a un evento de esta magnitud. También con un grupo de muchachas de secundaria que tuvieron que esperar desde las 8:30am afuera del foro para que les permitieran entrar a las 12:00. Venían sin un plan concreto, sin profesores y sin un horario definido de salida.

 

Prerregistro a las 3 p.m.

 

¿Qué puede verse detrás de todo esto? Por una parte, industriales interesados en hacer negocios que confiaron en el renombre de la Feria de Hannover y han invertido fuertes sumas para llegar a clientes potenciales en México. Por el otro, un gobierno estatal que no tiene nada de 4.0, pues no distingue entre una feria con palenque y otra especializada. ¿Están en verdad tan acostumbrados a tratar a las ferias como lo hacen con la FENAL?

Según comentaron algunos expositores, tras el primer día de quejas, la organización alemana subió a las redes un comunicado donde comentaban que no se permitiría el ingreso de estudiantes los demás días. Sin embargo, por razones que algunos achacan a la contraparte mexicana, esto no se cumplió. Si queremos hablar de populismo, creo que este ha sido un excelente ejemplo. Y veremos si en la próxima edición, planeada para el próximo año, errores tan importantes de enfoque son corregidos, pues no creo que el afán político supere al comercial.

 

Dron de exhibición.

 

No quiero cerrar sin antes reconocer la importancia de un evento de esta magnitud, las exhibiciones de empresas como Siemens, Mitutoyo, Schunk, Kuka o Schneider, por mencionar sólo algunas, nos hablan de un futuro que nos debería preocupar por las aplicaciones industriales que desplazan cada vez más a la fuerza laboral humana. Retomo algunas palabras de Christoph Hesse, quien aducía que la presencia de los estudiantes en las ferias les ayudaba a conocer hacia dónde se dirige el mercado del trabajo en el futuro. Y las contrapongo a las de Yuval Harari, quien comenta que el desarrollo de la inteligencia artificial, las tecnologías digitales y robóticas amenazan con convertir en pocas décadas a millardos de personas en seres irrelevantes en el campo laboral.

 

 

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